Lunes 26 de julio de 2010

* Negocios de EU en Iniciativa Mérida
* La venta de helicópteros Black Hawk
* Policías estadounidenses en México

En un reporte evaluativo sobre la Iniciativa Mérida, auditores de la Oficina General de Control del Congreso de Estados Unidos, GAO por sus siglas en inglés, se manifiesta la necesidad de dar seguimiento al uso que está haciendo el gobierno mexicano de los helicópteros tipo Black Hawk UH 60 que la administración de Barack Obama entregará para combatir a los cárteles mexicanos.
  Aunque no es la primera vez que la GAO censura la manera y eficacia en la aplicación de los recursos que entrega el gobierno estadounidense para “contribuir” a la guerra contra el narcotráfico, tampoco es la primera vez que ese órgano de vigilancia del Congreso de los Estados Unidos descubre sucios intereses económicos detrás de este apoyo del gobierno estadounidense, es decir que se autoricen proyectos y partidas de dinero para beneficiar irregularmente a empresas privadas, tal y como sucede constantemente en México con el dinero público.
 En esta ocasión, según reportes de las autoridades mexicanas y estadounidenses, los helicópteros por un valor superior a los 160 millones de dólares serán “regalados”.
  En otros años, las licitaciones de estos equipos ocuparon partidas del Presupuesto de Egresos del gobierno mexicano y fueron motivo de graves problemas de corrupción. Siempre, sin embargo, habrá un negocio detrás. En este caso el gigante estadounidense United Technologies Corporation, que compró la empresa de Igor Sokorsky – creador de los helicópteros Black Hawk –, es una de las beneficiadas directas de los contratos millonarios firmados para la guerra contra el narcotráfico en Colombia y ahora en México.
 Al segundo trimestre de 2010, las ventas de la división de aviones militares de United Technologies logró un incremento de 42.5 por ciento gracias a los contratos en América Latina, lo que le significó millonarias ganancias.


  El negocio de los helicópteros
 
En 2001 publiqué los resultados de una investigación en la que al menos 40 funcionarios de la Secretaría de Gobernación y de la Policía Federal Preventiva (PFP) se habían visto involucrados en las irregularidades que se cometieron al adquirir sin licitación previa 12 aeronaves, en su mayoría usadas, para el combate contra el narcotráfico.
 En aquella investigación aparecían nombres como el de Wilfrido Robledo; el exdirector de Inteligencia de la PFP, Genaro García Luna, entonces director general de la Policía Judicial Federal de la PGR y actual secretario de Seguridad Pública Federal, y el exoficial mayor de la Secretaría de Gobernación, Gerardo Cajiga Estrada. Este último firmó la entrega del dinero para la compra de las aeronaves y por ello Gobernación debió verificar que el procedimiento fuera lícito.
 La auditoria practicada a dicho proceso de adquisición de las aeronaves, dio como resultado que no había desviaciones de recursos, es decir que la disposición de los 32 millones de dólares (casi 320 millones de pesos) que hizo la PFP para la compra de los nueve helicópteros y tres aviones, uno de ellos un Gruman II de superlujo y los otros dos un Falcon y un Caza, sí se utilizaron para el pago de las aeronaves.
 Pero las irregularidades en el proceso se ubicaron, por ejemplo, en que uno de los helicópteros estaba embargado a la Eurocopter y a pesar de ello fue adquirido por la PFP, organismo que de acuerdo con las fechas de adquisición financió a la empresa franco-alemana Eurocopter (la cual posee capital público del gobierno francés) para que ésta liquidara deudas y pudiera liberar la aeronave embargada.
 Otras de las irregularidades descubiertas por la entonces Secretaría de la Contraloría es que faltó un adecuado afianzamiento de los contratos para la venta de las aeronaves por parte de las empresas privadas, además de que se abandonaron normas que disponen las leyes para las compras gubernamentales.
 También faltó una justificación para que los helicópteros y aviones se adquirieran sin licitación, como lo dispone el reglamento en la materia. De acuerdo con la auditoria de aquel entonces, los nueve helicópteros costaron 17.5 millones de dólares y los tres aviones 14.5 millones. 


 
Desencuentros de la burocracia
 Tal vez ahora, por este tipo de antecedentes, se decidió que el gobierno de Estados Unidos entregaría los equipos como parte de la Iniciativa Mérida. Hasta ahora, sin embargo, se desconoce el costo que el gobierno mexicano tendrá que pagar por ellos dentro para reforzar la lucha en contra de los cárteles de la droga. Por lo pronto el próximo año tendrán que entregarse los helicópteros y el equipo comprometido para fortalecer las actividades contra el narcotráfico por parte de la armada mexicana.
 El problema que observa la GAO, sin embargo, es que los cambios políticos – a raíz de las elecciones de 2012 – podrían poner en riesgo la continuidad de sus planes en México, pues se observa nada probable que el mismo partido en el poder (PAN) repita en el gobierno y de llegar cualquier otro podría suspender la estrategia del actual gobierno en la lucha contra el crimen organizado y ello entorpecería el negocio que ha significado hasta ahora la venta de aeronaves a las fuerzas armadas mexicanas.
 Los funcionarios mexicanos, de acuerdo con el reporte liberado por la GAO, también han reprochado a Estados Unidos que los procesos administrativos para la entrega del equipo de vuelo, como los helicópteros Black Hawk, están retrasando la ejecución de muchos planes contemplados en la Iniciativa Mérida, plan utilizado por el gobierno de Estados Unidos para alejar de su territorio la guerra contra los cárteles de la droga, igual como sucedió en Colombia.
 México firmó con Estados Unidos la entrega de entre  9 y 11 helicópteros Black Hawk, 4 aviones tipo CASA, tres helicópteros tipo Bell, más de 200 polígrafos, equipo móvil tipo gamma para inspección, así como unidades de ferrocarril para la detección de armas y otro tipo de contrabando, programas de profesionalización y proyectos de diversos cursos de formación y asistencia técnica. Este equipo, se prevé, sea entregado entre octubre próximo y diciembre de 2011.
 Para 2011, el gobierno estadounidense ha solicitado 310 millones de dólares para México dentro de la Iniciativa Mérida, 100 millones para Centroamérica y 79 millones para el Caribe. Para mantener dicha Iniciativa Mérida, dice la GAO, el Departamento de Estado de la administración de Barack Obama “deberá enfrentarse a factores fuera de su control, como cambios en el gobierno y la falta de continuidad en la administración pública”.
 De acuerdo con funcionarios del gobierno estadounidense, los frecuentes cambios políticos y de organización así como reestructuraciones en los círculos del gobierno mexicano representan un reto para la ejecución de los programas de la Iniciativa Mérida. “En México, nos enteramos que los funcionarios que reciben formación pueden o no permanecer en sus puestos”.
 Y ofrecen como ejemplo el presupuesto por 250 mil dólares que se destinó para la capacitación de investigadores para combatir al crimen organizado, pero que fue disuelta sin explicación alguna. El caso mexicano, dice la GAO, es una situación similar a la que se vivió en países como El Salvador o Panamá, en donde por más ayuda que se proporcione nunca se sabe dónde terminan los recursos.
 
Pero es un hecho que la contribución de Estados Unidos para  la Iniciativa Mérida se está retrasando y ya se registran severos enfrentamientos porque eso ha ocasionado graves problemas.
 Funcionarios mexicanos expresaron su preocupación por estos retrasos y aseguran que si bien el gobierno de Felipe Calderón esperaba el equipo proveniente de Estados Unidos, ante la necesidad de acelerar los programas decidieron comprar tecnología por cuenta de la administración mexicana. Ahora, en Estados Unidos decidieron destinar los recursos previstos para la Iniciativa Mérida a otros programas.
 

Así, la falta de información y los desencuentros entre las burocracias mexicana y la estadounidense están retrasando los recursos de la Iniciativa Mérida, mientras la gravedad de la violenta situación se convierte en un excelente pretexto para que Estados Unidos presione por una presencia directa en el territorio mexicano, como ya sucede en la frontera.
 Entonces mientras muchos estamos preocupados por la presencia del Ejército Mexicanos en todo el país, haciendo de policía que lucha contra el crimen organizado y grupos subversivos, ahora hay que preocuparse más porque ante la violencia e incapacidad de las fuerzas públicas para disminuir la presencia de grupos delincuenciales que ya controlan amplios territorios, fuerzas policiales estadounidenses se preparan para empezar a tener presencia armadas en nuestro país, ante la complacencia de un gobierno inútil como el de Felipe Calderón.


 

El negocio está en el aire

Tras su negocio de elevadores y aires acondicionados, United Technologies Corporation resguarda su negocio vinculado con la industria bélica. Esta compañía reporta a nivel global un incremento en ganancias de 13.7 por ciento hasta el segundo trimestre del año. No sólo eso, también elevó sus previsiones de utilidades para todo el 2010, ante lo que califica como una mayor demanda y mayores márgenes.
  United Technologies controla la compañía Sikorsky que fabrica los helicópteros tipo Black Hawk, aeronaves que en las guerras del medio oriente motivadas por Estados Unidos han protagonizado varios accidentes y han dejado como saldo la muerte de decenas de soldados.
 Por ello han puesto en marcha un plan de modernización de su tecnología y equipos por más de mil millones de dólares. Es obvio, por lo tanto, que necesitan clientes y allí está el Plan Mérida. Es casi seguro que a México no llegará la nueva generación de Halcones Negros, sino aquellos que se sabe deben mejorarse.  Cuestión de negocios.

Publicada en: Archivo | el Julio 26th, 2010 | No Comments »

Lunes 19 de julio de 2010

* La fallida Ley de Seguridad Nacional
* Congelada por órdenes de Los Pinos
* Sigue la impunidad, violencia y terror

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Publicada en: Archivo | el Julio 18th, 2010 | No Comments »

Lunes 12 de julio de 2010

* La “guerra” simulada de Felipe Calderón
* Aumentan precios y demanda de cocaína
* Las ganancias del narcotráfico mexicano

El comportamiento del mercado global de la cocaína explica por qué Felipe Calderón nunca tuvo en sus planes acabar con el crimen organizado y mucho menos con el narcotráfico, y su supuesta guerra que ha ocasionado la muerte de muchos hombres, mujeres y niños inocentes, es sólo una simulación para legitimar su gobierno mediante la implantación del miedo y el terror entre la población y evitar así las protestas sociales.

Al mandatario panista y a su gabinete de irresponsables nunca les ha importado en realidad la seguridad pública ni la seguridad nacional, y se han aprovechado de la crisis social para mantenerse en el poder. Por eso se explica que hasta ahora no hayan presentado un análisis estratégico de la evolución de los precios, la producción y la distribución de esta droga, así como un estudio comparativo sobre lo que podría pasar en México al observar las consecuencias del Plan Colombia.

Fue entre 2000 y 2006 cuando Estados Unidos propuso debilitar a las poderosas organizaciones de narcotraficantes que operan en México y Sudamérica, porque éstas ya representan un peligro para su seguridad nacional. En ese contexto, al mirar la experiencia colombiana, Calderón tuvo que haber calculado el impacto sobre la sociedad mexicana de su decisión de iniciar una confrontación abierta y sin pertrechos contra bandas delincuenciales y el crimen organizado.

A diferencia del gobierno de Calderón, Estados Unidos sí tenía el escenario completo cuando impulsó a México a involucrarse en la Iniciativa Mérida a partir de 2008 y también sabía que la población, los mexicanos, sufrirían las consecuencias de esa estrategia, pero eso era lo más importante para el gobierno estadounidense, al que lo único que le importa es que la violencia se dé fuera de su territorio.

México se encuentra a menos de la mitad del plazo que a Estados Unidos le tomó enfrentar a la insurgencia colombiana (las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y al Ejército de Liberación Nacional de Colombia) y destinar más de 4 mil 500 millones de dólares para reducir la demanda de drogas en el territorio estadounidense cerrando la principal fuente de abastecimiento.

En México, no obstante, la tarea tiene otro tipo de objetivos y el plazo podría ser mayor. Estados Unidos ha dicho que busca disminuir la venta de drogas y el tráfico de armas, de precursores químicos y el lavado de dinero. Todo al mismo tiempo y a costa de cualquier cosa.

El problema es que esta nueva guerra contra el narcotráfico ordenada por Estados Unidos no sólo está minando -como sucedió en Colombia- las estructuras sociales de países como México, sino que esas declaraciones alejadas de la realidad están provocando un incremento real en los precios de la cocaína y esto sí es un verdadero problema para disminuir la actuación de los cárteles de la droga.

Estimaciones de la Oficina de la Organización de la Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen establecen que al cierre de 2008 el precio al menudo de un gramo de cocaína se vendió en 108 dólares, cuando en 2006 se comerciaba en menos de 95 dólares.

¿Qué está sucediendo entonces con la oferta y la demanda de este producto tan codiciado por los estadounidenses?

Es obvio que el problema está en la casa de los estadounidenses. Si bien su gobierno está devastando países productores y escalando conflictos sociales en verdaderos enfrentamientos que atentan contra la seguridad nacional, es su mercado interno el que cada día demanda más drogas y estupefacientes sin importar el precio.

Es cierto, de acuerdo con la información estadística de la ONU, el precio de la cocaína en el mercado de menudeo ha venido a la baja, pero sigue lo suficientemente alto para sostener un negocio global de grandes márgenes. El ajuste en los precios de la década de los noventa no ha sido resultado de las estrategias de Washington contra los cárteles de narcotraficantes, sino de la evolución y consolidación de una industria global que funciona a la perfección y en línea con las leyes de la oferta y la demanda, pero parece que esto lo ignoran Calderón y su grupo de ineptos funcionarios públicos que se prepararon quien sabe para qué en universidades gringas.

En 1990 un gramo de cocaína llegó a rondar el nivel de los 290 dólares (cuando la producción comenzaba a consolidarse y la oferta era poca), mientras que en el 2000 el precio era de 150 dólares. Entre 2000 y 2009 la producción de cocaína en Colombia disminuyó 58 por ciento, pero ese problema se compensó con el incremento de 38 por ciento que se registró en la producción de Perú y 112 por ciento en Bolivia. Otra vez, gracias al Plan Colombia, ahora ambos países -reconoce la ONU- tienen la capacidad para producir y refinar su propia cocaína. En términos netos, en la región se presentó en la última década una reducción en la producción de 28 por ciento.

Ahora, la demanda y el precio están repuntando porque la producción está cayendo y si bien dicen que hay menos consumidores, los que se mantienen están dispuestos a pagar por cocaína que no esté diluida por el Plan Colombia. Se calcula, de acuerdo con los registros de la ONU, que en 2008 se produjeron 865 toneladas de cocaína, el menor nivel en los últimos cinco años. Esta situación se repitió en 2009, aunque las cifras definitivas aún no se conocen.

Colombia, mientras tanto, sigue representando el 50 por ciento de la producción de cocaína en la zona. Aunque se ha erradicado el cultivo en muchas regiones de ese país, es un hecho que los narcotraficantes colombianos están incrementando su productividad por hectárea. Además, también están vendiendo cocaína diluida para seguir atendiendo sus mercados.

De esta forma, pareciera que el gobierno de Estados Unidos, sabiendo que el problema del narcotráfico no está en la oferta sino en la demanda, está utilizando el pretexto de atacar este flagelo que daña a sus consumidores para justificar la intromisión política, militar, social y económica en la región.

En Sudamérica, el Plan Colombia partió del supuesto, sumamente discutible según analistas de ese país, de establecer las causas de la crisis de gobernabilidad y legitimidad del Estado colombiano en el narcotráfico y el conflicto armado. El eje básico del Plan se sustentó en un incremento de la dependencia económica, militar y política y a la postre en un mayor injerencia de los Estados Unidos en el conflicto interno de Colombia.

La fallida Iniciativa Mérida

La Iniciativa Mérida se parece mucho a este patrón en el que también coincide el trasfondo de una población empobrecida y vulnerada por la crisis económica así como la presencia de grupos sociales con ideologías antagónicas al control de Estados Unidos en la región. Ese fue el caldo de cultivo que aprovechó el gobierno de Washington para penetrar las estructuras sociales de Colombia. En otras palabras, se ha narcotizado la política internacional de Estados Unidos.

Mientras tanto, los fenómenos contradictorios se siguen presentando: el número de operaciones de incautación de droga en la frontera entre México y Estados Unidos ha disminuido en 40 por ciento entre 2006 y 2008, y en 2009 alcanzó el menor nivel de la última década, según la ONU.

Definitivamente algo está pasando. En cambio, la incautación de heroína, mariguana y metanfetaminas ha aumentado.

Pero Estados Unidos asegura que el consumo de cocaína en su mercado ha disminuido considerablemente. Mientras en 1988 se estima que se consumían 660 toneladas, en 2000 habrían disminuido a 259 toneladas. Así, para 2008 el consumo sería de 231 toneladas métricas. Sin embargo, la ONU duda de la metodología del gobierno de Estados Unidos para validar sus números.

El mercado de la cocaína en Estados Unidos ha llegado a representar un negocio superior a los 134 mil millones de dólares, de acuerdo con cifras a 1988. Una década después, en 1998, cayó a 44 mil millones de dólares y en 2008 se ajustó a 35 mil millones de dólares. Con esta caída tan importante en el mercado, lo lógico sería que el valor económico se hubiera precipitado. Sin embargo, gracias a que el precio ha ido al alza, el monto se ha mantenido. Menos consumidores pero con mayor capacidad económica es lo que ahora presenta la sociedad estadounidense.

En 2008 la cocaína importada a México desde Colombia habría representado un monto de 3 mil 300 millones de dólares. La ganancia para los carteles colombianos fue, según la ONU, al menos de 2 mil 400 millones de dólares.

El organismo multilateral también calcula que en 2008 las organizaciones mexicanas de narcotraficantes movieron en Estados Unidos poco más de 191 toneladas de cocaína pura, principalmente de Colombia, con un valor de 3 mil millones de dólares. Ese producto tuvo que convertirse en ventas por 6 mil 400 millones de dólares, sin embargo la incautación de producto en la frontera lo redujo a 5 mil 800 millones. Así, la ganancia para los mexicanos se ubicó en 2 mil 900 millones de dólares descontando los gastos de operación.

Sin embargo, las mayores ganancias se concretan dentro del mercado estadounidense y benefician a las organizaciones criminales locales. Ellos se quedan con el 70 por ciento del negocio estimado en 24 mil 200 millones de dólares. Pero desde hace dos años organizaciones criminales de mexicanos, cubanos y operadores de República Dominicana están participando directamente en el negocio que mueve la droga entre los consumidores estadounidenses y que se considera el más rentable.

La ONU reporta la participación de al menos 200 grandes distribuidores de cocaína en Estados Unidos y unos 6 mil dealers de nivel medio y muchos de ellos también son consumidores directos.

La participación de mexicanos en el negocio de la droga y en el centro de las ganancias es contundente. En 2008, al retirarse parcialmente los cárteles colombianos del negocio, la presencia de los narcotraficantes mexicanos fue confirmada en 208 ciudades de Estados Unidos, cuando tres años antes sólo se registraba su huella en 100 entidades. Fue así como superaron con creces a los colombianos que sólo habían llegado a 40 ciudades.

En 2008 el 75 por ciento de las personas arrestadas por delitos vinculados por el narcotráfico en Estados Unidos fueron ciudadanos de ese país; 13 por ciento, mexicanos; 3 por ciento de República Dominicana; 2 por ciento de Colombia; 1 por ciento de Cuba, y el resto se divide entre canadienses, hondureños, jamaiquinos y otros.

Este es el vervadero negocio global de la droga y sus razones para no perder una guerra en la que se juegan miles de millones de dólares. Felipe Calderón se irá en dos años y su gobierno pasará como uno de los peores de las últimas décadas y, al igual que Vicente Fox, quedará marcado para la historia.

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Lunes 05 de julio de 2010

*La guerra sucia de Felipe Calderón
*Crímenes de Estado ¿El sello panista?
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Lunes 28 de junio de 2010

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*Panistas sucumben a viejas prácticas

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Lunes 21 de junio de 2010

*Los depósitos en dólares de Chuayffet
*Banamex-Citibank se deslinda del caso
*Se congela expediente del líder priista

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Lunes 14 de Junio de 2010

*Calderón aplica discrecionalmente la justicia
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